Así comenzó Le Petit Dakar II



Por la mañana llego a Tagunite a repostar y comprar pan para los próximos dos días. Para evitar arena en exceso desecho pasar por Mhamid el Gozlane y después de cruzar por asfalto el Djebel Bani por el puerto de Anagam, salgo de la carretera en busca del Erg del Judío que rodeo por el S. El GPS sigue con la pantalla apagada y eventualmente y durante las paradas aprovecho una toma de corriente auxiliar que he montado en el manillar por si necesito cargar alguno de los teléfonos. La navegación a ojo me juega la primera mala pasada y sin comerlo ni beberlo me encuentro en la pista de Foum Zguid que, igual que mi amigo Julio, me había prometido hace tiempo no volver a pisar por la cantidad de piedra que la hace incomodísima. Bien es verdad que con la moto se lleva mejor que con el coche. A quince km de Foum Zguid monto mi segundo vivac. Aunque llevo lectura en este viaje pasaré horas y horas mirando a las estrellas. No hay Luna y el firmamento resplandece con todo su luminoso esplendor, tumbado junto a la tienda y la moto en un estado semi-catatónico. El cielo se muestra espectacular y llego a elucubrar la posibilidad de ponerme el casco de la moto por la cantidad de estrellas fugaces que veo caer por doquier. No puedo resistir la tentación de enviar a mi amigo Javi de Astroturista un mensaje contándole lo que veo. Me responde que eso no se le hace a un amigo, que en Granada no puede ver nada por las nubes. Pero me desea un buen viaje y que siga disfrutando del cielo.


En Foum Zguid lleno gasolina y me tomo un café. Vuelvo a tomar la pista y en un primer control digo a los militares que voy a Tata. No me dicen nada y pienso que me van a dejar seguir pero como imaginaba, kilómetros adelante en otro control me vuelven hacía Tissint y me advierten que continúe por asfalto. Así lo haré hasta Foun el Hassan, la segunda vez no suelen ser tan amables. Vuelvo a intentarlo en Foum el Hassan entrando por la pista donde terminó etapa la Africa Race el año pasado pero de nuevo me detienen en un control militar y de malos modos un militar me advierte que vuelva a la carretera y siga por ella. 

Llego por asfalto a Assa. Para no perder las buenas costumbres voy directamente a mi pastelería favorita y me tomo un batido de aguacate y un par de pasteles. Repongo gasolina, agua y pan y me encamino a Foum Neguev para cruzar el Djebel Uarkziz. Ya estoy en el Sáhara otra vez. Han terminado las obras de mejora de la pista de El Boirat y se puede avanzar con rapidez, en apenas una hora llego al pueblo. La llegada pierde algún encanto al hacerlo a toda velocidad por esta superpista. Lucre comienza a fallar. Se para un par de veces pero vuelve a arrancar inmediatamente. Lo volverá a hacer en los días siguientes. Sigo en dirección a Smara y me vuelvo a sentir el amo sobre mi Lucre avanzando sobre estos impresionantes parajes pero se mengua inmediatamente ante una trialera, el paso complicado de un río o cuando Lucre se para.


Hago noche en un río rodeado de acacias en esta zona que tanto me gusta. No me he encontrado con nadie salvo en El Boirat. Por la mañana decido improvisar un recorrido que me llevará al norte de la Gaat Chebayenne y así evito unos cuarenta km. de asfalto por la carretera de Hausa a Smara. Será uno de los escasos recorridos que "descubra" en este viaje. El resto es conocido pero siempre diferente. No me aburriré nunca de pasar por esos sitios. En el tramo a través de la Gaat no me apasiono con el puño del gas, hay numerosos agujeros y zanjas que me imponen mucho respeto. Esta es bastante más traicionera que la cercana de Mezwar. En Smara hago la también tradicional parada en la pastelería para degustar un Raib y unos dulces.

Mis intenciones eran seguir hasta Bojador pero teniendo en cuenta los fallos de Lucre decido ir a El Aiún por el río, la Saquia el Hamra, un camino más frecuentado. En Smara he cambiado el filtro de aire a Lucre y no ha vuelto a fallar aunque será un espejismo ya que antes de llegar al camping Le Bedouine se vuelve a parar. Al llegar a Le Bedouine llevo algo más de 1600 km. desde Merzouga. Paso el día siguiente revisando a Lucre, leyendo y paseando por la sebja que hay junto al camping, sin apenas clientes. Por la tarde me acerco a El Hagunía y charlo un rato con unos hombres que hay por allí, no hay ni siquiera un café.



No me fío al 100% de Lucre y termino por decidir no seguir más al Sur. Voy a regresar a Smara pasando por Hagunia. El día anterior había comprobado que la gasolinera de Daora está desmantelada asi que sigo por la carretera en dirección norte y me encuentro con que la gasolinera de Tah está sin gasolina. Chasco. Vuelvo a repostar a El Aiún y ya aquí no tengo ganas de volver a coger la carretera así que paso por Dcheira e intento seguir el curso de río por fuera de él pero todos los caminos me vuelven a meter dentro. En Fuerte Chacal me encuentro a un chaval que me reconoce de cuando estuve allí el año pasado e incluso recuerda al Verde, mi coche. Le hago una foto y espero encontrármelo otra vez para entregarle una copia. No me apetece volver por el río. El recorrido es precioso pero lo tengo muy reciente y además la etapa de los días anteriores por el cauce fue la única que me llegó a cansar; el recorrido es puramente de río, arena y sobre todo muchos badenes y baches que me obligan a trabajar constantemente para compensar las deficiencias de la suspensión posterior. Al poco me salgo por una de las escapatorias que tengo previstas hacia la carretera de Smara. El recorrido de la escapatoria resulta precioso con llanuras interminables y el cruce de un bonito río.


Este día fui agraciado por recibir una dosis extra de suerte en el viaje. A escasos metros de la carretera de Smara buscando un sitio para incorporarme a ella no veo unas profundas roderas en barro seco que me enganchan la rueda delantera. Descabalgo por el lado derecho de Lucre sin soltar el manillar pero consigo volver a poner una pierna a cada lado del asiento y con un golpe de gas la moto se endereza. Un buen susto. 

Después de repostar en Smara es tarde y sólo tengo tiempo de hacer unos 60 km. por la carretera en dirección a Hausa antes de buscar un lugar para acampar retirado del mundanal ruido, por otra parte bastante escaso. Estoy junto a una pista paralela a la carretera bastante utilizada y confío en tener suerte y que no me encuentre alguna patrulla de las que sin duda vigilan la zona desde esa pista. Suele ser incómodo que te despierten para identificarte. En los dos días que he pasado en la jaima de Le Bedouine no he reparado en que ya hay Luna. No molesta porque siempre está muy guapa y además ilumina pero su luz me tapa muchas estrellas. No importa: me tumbo en el suelo y me olvido del mundo, de este mundo unos momentos. Mucho más fácil resulta evadirse de este mundo primario donde sólo cuentan los instintos de disfrute de los sentidos y de la supervivencia, que del mundo habitual que por suerte está muy lejos, tanto que ni me acuerdo de él. Sigo encontrando algunas similitudes con las historias de náufragos que leo en La Tormenta Perfecta y las situaciones en las que me encuentro, por fortuna bastante más favorables para mi.


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