domingo, 1 de noviembre de 2015

Le Petit Dakar 2015, como en los viejos tiempos



La primera edición de Le Petit Dakar terminó el pasado día 16 de octubre en Tantan, en el Sur de Marruecos. Le Petit Dakar no es una competición, se trata de un viaje de aventura que recorre el Sahara Occidental, el verdadero desierto. Sigue las pistas de los antiguos rallies Paris Dakar africanos con los que comparte itinerarios, dureza y espíritu de superación. Esos ingredientes mezclados han dado como resultado un viaje que todos los participantes difícilmente podrán olvidar. 


Doce motos y sus pilotos de toda la geografía española acudían a esta llamada a la aventura el día 11 de octubre en Tafnidilt donde comenzó y terminó esta primera edición de Le Petit Dakar. A medio día del domingo 11 los participantes llegaban a Tafnidilt para descargar las motos de los remolques, cambiar neumáticos y dejarlas listas para comenzar el recorrido a la mañana siguiente. Las dos BMW de Judith y Josep ya habían atravesado España y llegaron rodando hasta el inicio de esta aventura con más de dos mil kilómetros en sus ruedas. 


Tras un enlace por asfalto de unos 70 kilómetros en Mseied comenzaba la primera etapa de Le Petit Dakar 2015, un recorrido circular que terminaba en un campamento en el mismo Mseied. El inicio de la etapa ya apuntaba la dureza del itinerario con unos primeros kilómetros de arena sobre el cauce de un río que nos llevaban a una complicada pista pedregosa y serpenteante entre los barrancos del Djebel Ouarkziz, la frontera natural del Sahara. La etapa atravesaba de Norte a Sur la franja del Sahara Occidental que con motivo de la independencia de Marruecos, España le cedió en 1958. La primera parada, el primer CP, estaba situado en el viejo puesto militar español de Amote que controlaba un paso en la montaña del Djbel Ouarkziz y que después sería utilizado por el ejército marroquí en su guerra contra el Frente Polisario. Aprovechábamos para repostar, almorzar y reparar una fisura provocada por las defensas en el carter de la BMW F800GS de Judith en un vuelco a baja velocidad. Por otra parte sus vértebras, rotas hacía apenas tres meses, decían basta y tuvo que pasar a conducir el 4x4 de cola. 



El itinerario del día continuaba fuera de pista por una zona complicada con incluso alguna trialera que nos llevó hasta El Boirat, una pequeña población junto a un río, seco por supuesto. A partir de ahí la organización decidió tomar una alternativa más corta ya que la dificultad del recorrido había provocado algún retraso aunque aún así se llegó de noche al campamento. A unos treinta kilómetros del campamento y casi en parado, Paco que tenía problemas con la iluminación de su LC4 Adventure caía de la moto con la mala fortuna que esta cayó sobre su pierna causándole una fractura y tuvo que ser evacuado al hospital de Tantan donde fue excelentemente atendido y posteriormente trasladado a Agadir y España. 

Debido a algunos problemas mecánicos que no pudieron ser solucionados en la noche anterior la salida de la segunda etapa se atrasó. La organización decidió entonces alterar los planes dejando para otra ocasión el campamento en Hausa y manteniéndolo en Mseied. Cerca del medio día terminaban las reparaciones, el ambiente en el campamento era impresionante con todos volcados en poner a punto las motos averiadas. No había tiempo para mucho ya y la etapa se redució a un recorrido por una pista bastante pedregosa que conducía al río Aouinet Asguer donde los participantes disfrutaron del espectáculo del paisaje que rodea unos abrigos donde se pueden ver unas pinturas rupestres que ilustran que el Sahara no siempre fue un desierto.


Nuevamente la organización se vio obligada a improvisar un recorrido para la tercera etapa del miércoles 14 de septiembre para compensar el atraso del día anterior. Las piedras continuaban haciendo compañía a los participantes. El primer CP se estableció en el antiguo fuerte español de Tarf el Gueba bastante bien conservado a pesar de sus antigüedad junto con otras construcciones auxiliares como un horno de pan. La etapa técnica y sinuosa a través de las zonas montañosas del Norte del Sahara Occidental fue del agrado de los participantes. El recorrido estaba sembrado de restos de la historia de la región desde túmulos funerarios preislámicos con más de 300 años a los “muros” de la guerra de Marruecos con el Frente Polisario. A unos cien kilómetros de final de la etapa en el cauce del Ued Chebbí una piedra arrojada involuntariamente por la rueda trasera de uno de los participantes impactó en el radiador de aceite de la BMW R1200GS de Josep causándole una aparatosa fuga de aceite. La moto fue remolcada hasta el campamento donde se terminó de desmontar el radiador y se limpió. Había que dejarlo secar y se decidió soldarlo y montarlo por la mañana. La WR450 de Daniel también estaba dando guerra con la carburación y la electricidad.

Con los nuevos atrasos la cuarta etapa se vio también reducida pero es que el espíritu solidario del grupo no hubiera permitido dejar a nadie atrás, todos se afanaron ayudando en las reparaciones. Nos desplazamos por asfalto hasta Akhfennir y allí algunos decidieron quedarse ayudando con la WR450 o almorzando en el hotel y estableciendo comunicación con el mundo exterior a través de wifi, y el resto se fue a “jugar” a las dunas del Oued Khenifis y la sebja cercana.


En la quinta y última etapa volvía a predominar la piedra de la zona costera del Sahara pero los espacios eran abiertos y el ambiente impresionante. Entre piedra y bella desolación los participantes se encontraron con uno de los muchos ríos con los que se han encontrado y cruzado pero ese llevaba agua y lo hace de forma permanente, todo un espectáculo para la vista. Pistas técnicas y fueras de pista por zonas de pastos siempre con un horizonte abierto y para dejar buen sabor de boca la etapa terminaba con un delicioso tramo sobre un rio de arena. Ya solo nos quedaban unos kilómetros de asfalto para llegar de nuevo a Tafnidilt, donde nos esperaba el hotel y nuestros coches y remolques.


Los asistentes a esta primera edición de Le Petit Dakar han disfrutado de una dura experiencia en el verdadero desierto insuperable sin la camaradería y colaboración de este grupo de pilotos que han compartido cinco jornadas a través de las pistas del Dakar y la historia de aquel desierto que tantos secretos esconde. Como nos comentaba Emilio, XT660, acabar los dos enteros ha sido todo un reto superado con satisfacción. Le Petit Dakar es un viaje de descubrimiento a la antigua, nunca sabremos si se va a llegar a la seis al hotel para ducharse y cenar a las ocho, aunque al final siempre se cene, el verdadero desierto es así y queremos aventura. Donde encuentres la comida o el agua, come o bebe, no sabes lo que puede venir después. La organización ha demostrado su capacidad de adaptación e improvisación ante los problemas que se han ido presentando. De este viaje ha salido un auténtico “grupo de moteros” con ganas de compartir muchos más kilómetros y vivir aventuras juntos.




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